El pasado con suavidad
Siento el roce del aquel ángel que siempre me acompaña. Levantadas nos encontramos bajo la luna, deseando que aquel momento no llegue a su fin, para no separarnos por el resto de la eternidad, al mismo tiempo estamos impacientes porque queramos o no, caminamos hacia la verdad parcial, neutral, la que nos lleva a encarar lo suave de la forma más áspera, con ganas de repudiar lo tangible y atar nuestras manos como si los miedos se despejaran.

Hablamos de lo que deparará el presente, el presente visto desde el pasado, pues contemplarlo así, provoca mucha mas satisfacción que el hoy.
Tengo ganas de quebrar la inexistencia y vaciar el océano con las yemas de mis dedos, solo para demostrar que puedo ser capaz de seguir, pero no recibo ni una sola mirada de ternura, disfrazo de la pérdida de la noción y casi desvaneciéndome la capacidad de dar amor.
No quiero ser parte de un todo, en un principio siendo todo materia, realidad visual incierta, pero todo termina en la fe, descifrando la creencia como algo intrincado necesaria para continuar siempre con lo mismo, pues el hombre con solo eso se conforma y deja pasar los detalles de la vida, sin ver el máximo ni el tope de los estribos de importancia, una aprobación seria arriesgada considerando que apenas el pensamiento atravesado deriva en muerte.
Lo único que me queda claro que es necesario buscar aquella esquina lluviosa que nos llevará a otra dimensión, que es lo que ves, pues no sabes si lo es, no hay excusas para no creer...







