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viernes, diciembre 24, 2004

ELEPHANT

En un principio, el elefante de tan curioso título parece hacer referencia a que el tamaño de dicho animal puede ocultarnos la verdad. Pero esa no es exactamente la idea, sino que significa que la violencia es un hecho tan fácil de ignorar como un elefante en el salón.Gus Van Sant ha optado por el riesgo. Su película carece de ritmo, guión completo, orden, progresión y todo lo que la mayoría de filmes suelen tener. No es necesario: su visión de los asesinatos verídicos que dos estudiantes llevaron a cabo en su propio instituto, Columbine, va más allá de las fórmulas que conocemos. Van Sant no ha intentado manifestar su opinión ni mucho menos manipular al espectador, sino que de forma imparcial se ha limitado a mostrar los hechos para suscitar la difícil pregunta: "¿por qué lo hicieron?".Durante la mayor parte del filme asistimos a la monótona, frívola e incluso aburrida vida cotidiana de los estudiantes, que pasean sin rumbo por los vacíos e interminables pasillos del instituto, que hablan de banalidades y que no parecen aspirar a nada en la vida. No es casualidad que los actores, no profesionales, sean en realidad estudiantes que hacen de ellos mismos para demostrarnos cómo son los adolescentes de hoy. La cámara los sigue en planos largos, lentos y hasta poéticos.El final, no por conocido menos sorprendente, impacta por el sinsentido de su aparición. No hay emociones, no hay casi palabras, no hay explicación. Es sólo la realidad. Ése es el objetivo de Van Sant, nada pretencioso y por esa misma razón poco evidente. Su propuesta, erróneamente comparada con el documental "Bowling for Columbine" de Michael Moore, puede dejar indiferente a más de uno, cuando en realidad su enfoque del tema tiene como resultado una denuncia mucho más cruda y eficaz. No obviemos al elefante.